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sábado, 1 de abril de 2017

SÍNODO DE LA FAMILIA

ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS EN 2018




El encuentro mundial de las familias que se realizará en 2018 en Irlanda, en la ciudad de Dublín, no es un intento esconder el pasado, ni de poner una piedra tumbal sobre los casos de abusos sexuales a menores que se registraron en el pasado, porque no hay que olvidar y es necesario hacer penitencia por cuanto sucedido. Ayudará sí a recobrar la confianza pero sin olvidar lo sucedido.

Lo indicó el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, entrevistado por ZENIT después de la conferencia de prensa realizada este jueves, en la que junto al Card. Kevin Joseph Farrell, prefecto para el Dicasterio para los Laicos, presentaron la carta que el papa Francisco envió a los organizadores del IX Encuentro Mundial de las familias que se desarrollará del 21 al 26 de agosto de 2018 en la capital irlandesa, con el tema “El Evangelio de la Familia, alegría para el mundo”.

No es un intento de olvidar el pasado, dijo el arzobispo de Dublín, “será radicada en la realidad y en las dificultades de la Iglesia en Irlanda y de las familias en Irlanda. No es un intento de huir de esto porque son las familias irlandesas y los jóvenes del país que viven en esta realidad”.

El arzobispo irlandés señaló que “la Iglesia tienen que reconquistar su credibilidad” y mirando a los ojos y hablando con voz firme reiteró que “no lo hará intentando de poner una piedra tumbal sobre el pasado, sino enfrentando la realidad, haciendo penitencia por lo que ha sucedido, mirando hacia un futuro, un futuro que no deja estas cosas en el olvido”.

Mons. Martin añadió que se quiere “hacer de la Iglesia un lugar en el que los niños estén seguros y las familias puedan tener la confianza de dejar a sus hijos participar de las actividades de la Iglesia”.

Concluyó señalando que “el próximo sínodo es sobre la juventud y es importante que la Iglesia responda también a las preguntas de los jóvenes”.

En la conferencia de prensa, advirtió también que “existe el peligro de que cada persona quiera imponer una idea personal que no es realmente aquella visión de renovación auténtica que tienen el Papa”.

Así el Santo Padre en la carta de convocación del Encuentro Mundial de las Familias, explica cuál es deseo para la Iglesia; “Sueño una Iglesia en salida, no autorreferencial, una Iglesia que no pase delante de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación de Dios Amor, que es la misericordia”.

Señaló también que el evento de Dublín, no es un evento más, sino “un momento en el cual la Iglesia entera está llamada a profundizar la reflexión sobre la enseñanza de la Amoris Laetitia, un momento en el que el amor cotidiano entre marido, mujer y el amor cotidiano de los papás por sus hijos pueda ser reconocido como recurso fundamental para la renovación de la Iglesia y de la sociedad.



domingo, 12 de marzo de 2017

SÍNODO DE LOS JÓVENES

CARTA DEL PAPA FRANCISCO A LOS JÓVENES POR EL SÍNODO DE LOS OBISPOS 2018


Después del Sínodo de la familia, el Papa Francisco se dirige a los jóvenes del mundo para comunicarles que se va a celebrar en el 2018 un Sínodo cuyos protagonistas serán los "jóvenes"

En ocasión de la presentación del documento preparatorio para la realización del Sínodo de los Obispos de 2018 cuyo tema serán los jóvenes, el Papa Francisco dirigió una carta a la juventud en la que los alienta a no tener miedo y seguir por los caminos a los que los llama el Señor.




A continuación el texto completo:

Queridos jóvenes:

Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una “guía” para este camino.

Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a “salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña.

Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.

Cuando Dios le dice a Abraham «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?

Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal.

El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23).

Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí […] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38).

También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plen

Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.

En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”.

Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia.

¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).

Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro.

También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores.

San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).

Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).

Con paternal afecto,

FRANCISCO







domingo, 20 de noviembre de 2016

SÍNODO DE LA FAMILIA

IV CONGRESO NACIONAL DE LA FAMILIA EN URUGUAY




"LA BELLEZA DE LA FAMILIA HARÁ QUE EL MUNDO VUELVA A SONREIR"

Centenares de matrimonios y muchos niños se hicieron presentes en el IV Congreso Nacional de la Familia en Montevideo, Uruguay, que se realizó el pasado 29 de octubre en medio de un ambiente de fiesta.

En la ocasión, el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, destacó que el encuentro fue “un modo de explicar solo con el ejemplo la belleza de la familia”.

Mons. Fuentes recordó una frase de San Juan Pablo II cuando visitó Uruguay: “Son las familias cristianas las que harán que nuestro mundo vuelva a sonreír” y en este sentido afirmó que “nuestro congreso de la familia se desarrolló en un clima de serena alegría, sin ninguna queja, fue una gran sonrisa que contrasta con la crispación que se nota en los proyectos ideológicos que atentan contra la familia”.

“Los desafíos que ella tiene no se enfrentan con esas mismas actitudes, sino tratando de vivir el proyecto cristiano con claridad y con caridad”.

En la actividad, que fue organizada por la Comisión Nacional para la Pastoral Familiar y la Vida de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), participaron más de 850 personas y llevó por lema: “Amar es nuestra misión, descubramos juntos la belleza de la familia”.

El Obispo dijo a ACI Prensa que “la participación de todos los obispos del Uruguay fue muy significativa. Nos llegan muchos comentarios que agradecen a los pastores su presencia en el congreso porque se han sentido respaldados del esfuerzo que hacen esas familias para vivir cristianamente su compromiso matrimonial y familiar”.

Por su parte el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, también presente en la ocasión, dijo en su homilía, de la Misa celebrada durante el encuentro, que “la familia cristiana sorteará los nuevos escollos que se presentan (…) porque la familia cristiana responde a la verdad sobre el hombre, a esa verdad anclada en la Palabra de Dios que nos viene del Evangelio de Jesucristo”. 

“El Evangelio, es decir la buena noticia de la familia, tal como lo anuncia la Iglesia, es la verdad y la verdad termina abriéndose paso en medio de las ideologías que un día son unas y otro día son otras. Nosotros iluminamos, con nuestro testimonio de fe y esperanza, a toda la sociedad uruguaya”, dijo.

“La familia cristiana no envejece, se renueva. Eso no quiere decir que desconozcamos la realidad, pero no dejamos que la realidad nos devore”, dijo.

“Estamos bien con los pies en la tierra y sabremos enfrentar las dificultades y los peligros, pero no perdemos la alegría de la fe. Porque el futuro está en nosotros, el futuro es de Dios”.

“Las ideologías pasan, parecen fuertes, irresistibles, pero después de un determinado periodo se consumen. Pierden su fuerza porque carecen de una realidad profunda. Son partículas de la verdad pero al final se consumen. En cambio el Evangelio es verdadero, y por tanto, nunca se consume”, afirmó.

Agregó que el Evangelio “aparece en toda su novedad para responder a las necesidades del corazón y de la razón humana, que puede caminar en esta verdad y encontrarse en ella”.

El Cardenal dijo que lo vivido en este encuentro llena de esperanza “y nosotros podríamos decir que eso nos toca, y a la familia principalmente, en este país que ya tiene más de cien años de ley de divorcio, este país donde se aprobó el aborto y la ley de matrimonio igualitario, y donde tenemos que estar peleando para que la ideología de género no nos termine siendo impuesta”.

El congreso, que contó con la participación de destacados expositores nacionales y extranjeros, abordó temas como el perdón, el adiós en el momento de la muerte, la comunicación, la libertad, la autoridad, los hijos, la pareja, el tiempo dedicado, la esperanza, la alegría, los cansancios, entre otros.

ACI Prensa




sábado, 22 de octubre de 2016

SÍNODO DE LA FAMILIA

STRENNA (CARTA INVITACIÓN) 2017 DEL RECTOR MAYOR DE LOS SALESIANOS


1. ¡SOMOS FAMILIA ! Y ¡nacimos familia !


La Strenna del 2006 ya estuvo centrada en la Familia. A ella remitimos también desde este momento . Al mismo tiempo los momentos eclesiales que vivimos después de dos sínodos y la Exhortación Apostólica 'Miseriocordiae Vultus' del Papa Francisco nos exigen, -gustosamente para nosotros como Familia Salesiana, centrar nuestra mirada educativo pastoral en la familia.

Todos tenemos la fuerte vivencia personal de que hemos nacido en una familia, y ¡nacimos familia !, con la belleza y limitaciones de toda famila, pero en definitiva en el seno de una familia. Familia que es esa realidad humana muy concreta donde se aprende el arte de la Vida y del Amor.

La familia, bien lo sabemos, está hecha de rostros, de personas que aman, hablan, comparten y se sacrifican por los demás en el seno de la misma, defendiéndose y defendiendo la vida propia y de los suyos a toda costa. Uno se hace persona viviendo en familia, creciendo, por lo general, con los padres, respirando el calor del hogar.

Es en la familia, en el hogar donde se recibe el nombre y por tanto la dignidad, donde se experimentan los afectos ; donde se saborea la intimidad, donde se aprende a perdir permiso, a pedir perdón y a dar las gracias.

La familia es también -lo sabemos- primera escuela para los niños, grupo de pertenencia imprescindible para los jóvenes y el mejor asilo para los ancianos.

Todo esto es algo de lo que desde la dimensión humana, antropológica, hemos vivido todos de una manera u otra.

Al mismo tiempo no perdemos la perspectiva de lo que significa la realidad de la familia y Dios Comunión-Amor porque la familia es un gran signo-sacramento del Dios Trinitario que es Comunión-Amor

La familia es también seno materno ('grembo') en el que el Hijo de Dios hace un camino de Humanización.

Y además, los destinatarios de este Aguinaldo somos tambień familia salesiana que tiene un fuerte y siempre creciente sentido de que SOMOS FAMILIA.

Como grupo religioso (congregaciones, institutos, asociaciones de vida apostólica, asociaciones de fieles…) tenemos un fuerte sentido del vínculo de familia religiosa que nos une.

Incluso casi todos nuestros grupos de familia salesiana tenemos recogido en los diversos estatutos el espíritu de familia y el clima de familia como parte constitutiva de nuestro ser, y también la acción pastoral hacia la familia, con las familias, para las familias.

Esta premisa explica nuestro deber como familia salesiana, un deber que no solo es de no mirar en otra dirección distinta a aquella en la que está fuertemente implicada la Iglesia Universal, hoy bajo la guía del Papa Francisco, sino el deber de hacer una 'lectura salesiana' -como educadores que somos de niños, niñas, muchachos, muchachas y jóvenes-, y de dar nuestra humilde contribución.





2.- Una invitación a una lectura reposada, abierta y con corazón preparado


• Hago ante todo una invitación a una lectura reposada, abierta y con el corazón preparado al diálogo y al encuentro con lo que la Exhortación Apostólica dice, de modo que nos ayude como Familia Salesiana a descubrir lo que el documento ofrece. Es un gesto de amor, como Familia Salesiana, a la realidad familiar, reconocida y ensalzada como un gran don de Dios para todos. Y también de amor hacia los que no han logrado vivir en plenitud este proyecto de Dios y necesitan nuestra ayuda, quizá nuestro acompañamiento en el recorrer el propio proyecto de vida de amor conyugal y familiar, que a veces se ve quebrado o con grandes dificultades.

• El documento es un servicio a la humanidad desde la mirada creyente católica, y un verdadero tesoro espiritual y pastoral. Y nos implicamos en ello desde la conciencia de que 'somos Familia Salesiana'.

• La Exhortación del Papa está construida sobre las enseñanzas de los Papas anteriores, San Juan Pablo II y Benedicto XVI y las dos Asambleas sinodales de 2014 y 2015 cuyas relaciones finales son citadas asiduamente. Resume por tanto la reflexión eclesial de muchos años pero introduce, al mismo tiempo un cambio de tono, de lenguaje y del perspectiva del plano canónico al pastoral. El Papa mismo dice que “debemos ser humildes y realistas en reconocer que a veces ...hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, alejado de las situaciones concretas y de las efectivas posibilidades de las familias, así como éstas son. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la Gracia, no ha hecho más que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario (AL36).


2.- A modo de síntesis sobre el contenido de la Exhortación. Para descubrir nuestro deber como Familia Salesiana con las familias

• El texto tiene las características ya conocidas del magisterio del Papa Francisco; es un texto realista, cercano, directo y sugerente. Un texto abierto que nos invita a entrar en el tema activamente, no sólo recibiendo pasivamente las ideas, sino tratando de vivir nosotros el misterio de la vida y del amor desde nuestra propia vida y personal vocación. No es un documento que hable de la familia en abstracto sino que pretende llegar a la vida para dar una palabra de ánimo a tantos que lo puedan necesitar.

• En la Exhortación Apostólica el Papa traza la “summa” bíblia y teológica, moral y pastoral acerca de la familia, subrayando la importancia y belleza de la familia basada en el matrimonio, invitando profundizar en los valores del amor conyugal, verdadero don de Dios para la vida del ser humano. Se invita a destacar los aspectos positivos y humanizantes del amor humano, reflejo del Amor de Dios que siempre es más fuerte que el fracaso de los proyectos humanos.

• El documento tiene nueve capítulos que iluminan la realidad del matrimonio y de la familia desde diferentes puntos de vista intentando conjugar la presentación de la belleza del proyecto divino con la atención realista y misericordiosa a las muchas situaciones deficientes y dolorosas que se dan en la vida real. Cada capítulo es un trenzado admirable de la fidelidad a la verdad con la compasión y la misericordia. En él se ilumina desde la Palabra de Dios, sin descuidar la situación actual, con la mirada siempre de Fe en Jesucristo. El amor en la familia es siempre el tema central, con la riqueza de la fecundidad y educación de los hijos y las sugerencias pastorales que puedan ayudar en el camino ante las situaciones de fragilidad y de imperfección.

• En el capítulo 1 “A la luz de la Palabra” recordando la unidad de doctrina y de praxis necesaria en la Iglesia, subraya, al mismo tiempo, que en base a las culturas, a las tradiciones, a los desafíos de los diversos países, algunos aspectos de la doctrina pueden ser interpretados “de modo diverso”. Confirma la belleza del matrimonio formado por hombre y mujer y reclama la importancia del diálogo, de la unión y de la ternura en la familia, definido no como un ideal abstracto sino como un 'empeño artesanal'.

• En el capítulo 2 “Realidad y desafíos de la familia” la mirada se extiende a la realidad y los desafíos actuales de las familias, con el deseo de “mantener los pies en la tierra” (AL 6) con una perspectiva sociológica y cultural queriendo ofrecer también una visión matizada, realista y esperanzada. Huye del simplismo porque el abanico de temas y de contextos particulares exigen una mirada matizada. La Exhortación no capta “un estereotipo de la familia ideal, sino un interpelante collage formado por tantas realidades diferentes, colmadas de gozos, dramas y sueños. Las realidades que nos preocupan son desafíos y por eso se pide no caer en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera” (AL 57).

• El tercer capítulo, “La mirada puesta en Jesús: vocación de la familia” abre la puerta al testimonio de los Evangelios, la enseñanza de la Iglesia, la realidad sacramental, la complejidad de las situaciones irregulares y la transmisión de la vida y la fe a los hijos. “El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia” (AL 88).

• El capítulo cuarto, “El Amor en el matrimonio” se articula de manera hermosa en torno al conocido himno de la caridad de 1Cor13. Lo hace con finura y belleza, y va desplegando diversos aspectos de la realidad del amor, sin idealizaciones (“no hacen bien algunas fantasías sobre un amor idílico y perfecto”: AL 135) pero tendiendo al ideal: intimidad, vida compartida, amor de amistad, diálogo, amor conyugal siempre en dinamismo exigente de crecimiento transformador. Recomendables las palabras que el papa Francisco dirige directamente a los jóvenes, en los números 131-132.

• “Amor que se vuelve fecundo”, título del capítulo quinto, habla de un amor expansivo, fecundo, dinámico, apasionado: palabras como fecundidad, generatividad, comprensión del padre y de la madre en el proceso son clave. Rica es la reflexión sobre “discernir el cuerpo” (AL 185-186) y las sugerentes páginas sobre “la familia grande”: ser hijos, abuelos, hermanos… desde “un corazón grande” (AL 196), invitando también a las familias a ser lugar de integración y punto de unión entre lo púbico y lo privado.

• No podía faltar un capítulo pastoral, para entrar a fondo en la vida concreta. El capítulo 6º. “Alcuni prospettive pastorali” habla de los agentes de pastoral acerca de la preparación al matrimonio y del acompañamiento en los primeros años de vida matrimonial, y lo hace con el realismo animoso. Se invita a “iluminar crisis, angustias y dificultades” (AL 231ss) porque proporcionan un enfoque matizado, dinámico y complejo en el que ubicar cuestiones particulares.

• De “Fortalecer la educación de los hijos” es de lo que se trata en el capítulo 7º (AL 259-290). Los hijos son esperanza que abren al futuro. Por estas páginas van apareciendo la necesaria cercanía y presencia, la formación ética, las figuras de autoridad, los contextos, la educación sexual (realista y valiente, sin miedos ni superficialidad) y la transmisión de la fe.

• Al mismo tiempo el papa Francisco espera que “todos se vean muy interpelados por el capítulo octavo”, que lleva por título “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad” (AL 291-312). Quien busque normas nítidas y contundentes quedará defraudado. El Papa retoma la gradualidad pastoral, invita al discernimiento, asume la vía del “fuero interno” (AL 300), destaca las circunstancias atenuantes en la pastoral (AL 301) y sitúa en el centro la lógica de la misericordia (AL 307). Todo ello “otorga un marco y un clima que nos impide desarrollar una fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados” (AL 312).

• El noveno y último capítulo se dedica a la “Espiritualidad matrimonial y familiar” (AL 313-325) en el que, de manera estimulante y sencilla, el Papa invita a una espiritualidad del amor exclusivo y libre, que es espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estímulo. Desde la Fe Cristo unifica e ilumina la vida familia, incluso en los días amargos. Por eso, “Caminemos, familias, continuemos caminando y no perdamos la esperanza”.

Y porque creemos que la familia es Buena Noticia para el mundo, ('El Evangelio de la Familia) para la sociedad y para la Iglesia es por lo que nos sentimos comprometidos, y queremos estarlo más, en cualquier lugar del mundo donde haya una presencia salesiana de nuestra Familia Religiosa.


3. CADA HOGAR, ESCUELA DE VIDA Y AMOR. Nuestra contribución educativo-pastoral


3.1. Cercanos para ayudar a Construir y a Restaurar

Ante realidades familiares en la que no pocas veces se viven situaciones complejas y difíciles :

Familias compuestas a retazos (familias 'patchwork')

Familias no desestructuradas y creyentes que van siendo excepción en muchos contextos.

Familias en las que existen fuertes heridas.

Familias en las que hay egoísmos que crean rupturas.

Familias con situaciones en las que se hiere, en especial, el alma de los hijos, o donde a veces èstos son 'rehenes de las discordias' (Papa Francisco)...

Nos preguntamos ya si podemos hacer algo en favor de las mismas desde nuestra realidad de educadoras, educadores y pastores, porque:

Es en estos contextos donde se nos pide empatía ante el dolor que causan estas situaciones.

Son situaciones existenciales en las que hemos de ayudar a construir relaciones, restaurar heridas, ayudar a dejar atrás miedos…, viendo como en el texto bíblico «la caña cascada que aún no se ha quebrado» (Mt.12,20; Cf. Is 42,3).

Situaciones en las que podemos ayudar a reconocer que también existe mucho bueno y mucha generosidad en estas vidas.

En el aprendizaje a ser familia siempre hay errores que llaman a la humildad y a la comprensión, al perdón y a la misericordia. Todos tienen derecho al perdón y todos tienen derecho a perdonar para construir la familia y reconstruirse. Elemento moral.

La aceptación de la condición del límite ofrece a cada miembro de la familia la oportunidad de enriquecerse del amor que le ofrecen y de enriquecer a los demás con la propia donación. La gratuidad es el punto de partida para construir familia. Elemento afectivo.

Hay un punto de soledad constitutiva de la condición humana que imposibilita la comunicación total, y al mismo tiempo ofrece el salto de calidad al deseo del Otro que es el único que puede colmar ese deseo de totalidad. Elemento espiritual.

En definitiva se nos pide estar presentes para ayudar a construir y restaurar.


3.2. En la Escuela de Vida que es la familia

Con mirada salesiana no podríamos hablar del valor educativo y vital de la familia sin pedir, en primer lugar, que cada cual remitamos a la propia experiencia personal y, al mismo tiempo, haciendo referencia a la experiencia familiar del fundador de nuestra Familia Salesiana, Don Bosco. Él perdió a su padre siendo aún muy niño. Su mamá, Margarita, fue su primera decisiva y trascendental educadora, y bien sabemos que Don Bosco también fue lo que fue porque tuvo la madre que tuvo.

Esta es una de las claves de la propuesta. Ayudar a que las familias tomen conciencia de que, ante todo, son escuela de Vida, y que en esa misión algunas personas, grupos e instituciones intentamos estar a su lado y ayudar, pero nunca supliendo lo que es irremplazable: ese calor de hogar que es cada familia y que prepara para la vida, como auténtica escuela, y que enseña desde el Amor a vivir el Amor. Esto es así:

Cuando la familia es más que un 'centro de rentas y consumo' o un 'punto de referencia afectivo', y en la cual los adultos, especialmente los padres, aceptan sus responsabilidades.

Cuando se da una comunicación intrafamiliar intensa, no reducida a negociaciones instrumentales.

Cuando se educa también exigiendo y pidiendo a los hijos responsabilidades éticas concretas, donde las convicciones íntimas se pueden exponer y comunicar y no sólo tener y guardar de modo latente por miedo a no molestarse.

Cuando se educa para la vida en el cotidiano familiar experimentando la igualdad radical de cada uno en cuanto a necesidades, derechos y deberes, así como respeto recíproco.

Cuando es un espacio de vida con capacidad para alentar relaciones reales de diálogo, de reciprocidad plena en el que se quiere de verdad el bien del otro, desde el respeto a la persona y a sus procesos.

Cuando la familia es una experiencia de Amor, no un lugar donde se impone el peso de la ley, y donde se aprende a amar desde la gratuidad. En este sentido, con mirada creyente, cada matrimonio y cada familia son una historia de salvación.

Una Familia que es escuela de vida porque encierra en sí elementos antagónicos, pero en armonía, que preparan para la vida por medio de valores como :

libertad y responsabilidad

autonomía y solidaridad

cuidado de uno mismo y búsqueda del bien de todos

sana competitividad y capacidad de perdón

disponibilidad para la comunicación, y también para la escucha y el silencio respetuoso.

La famila es entonces escuela de vida porque ofrece valores y también esperanzas. Ofrece cercanía y Amor que orienta, que corrige, que previene, ayuda, sana y, en definitiva, salva.


3. 3. Decisiva Misión Pastoral Salesiana: ACOMPAÑAR

Nos proponemos, como familia salesiana, este hermoso y más actual que nunca desafío:

¿Cómo acompañar a los padres, a los matrimonios, y a quienes están al frente de su familia …?

¿Cómo acompañar a los hijos, especialmente a queines están en las casas, actividades y servicios de todas las obras existentes en nuestra familia salesiana del mundo?

¿Cómo acompañar desde nuestra pastoral juvenil, familiar y parroquial a los jóvenes que están madurando proyecto de vida el matrimonio y el formar una familia?


Y esto pide de nuestra pastoral algunas decisiones:

3.3.1. Apostar decididamente por considerar una prioridad educativo-pastoral la atención a las Familias.

3.3.2. Dar un paso decisivo, definitivo y firme en poner el acompañamiento como servicio prioritario :
Un acompañamiento de los padres y matrimonios que lo acepten.

Un acompañamiento real de los chicos y chicas, y jóvenes de las presencias salesianas del mundo, en especial ante situaciones familiares y personales de dificultad.

Un acompañamiento vocacional de los jóvenes que tiene una expresión concreta en los jóvenes que maduran su proyecto de vida al matrimonio.

Un acompañamiento que se traduce en propuesta de espiritualidad y de Fe como sentido de la vida, en las más diversas realidades de las familias.

3.3.3. Ver la urgencia, como familia salesiana de formar parte de este largo camino de reflexión y discernimiento eclesial, con una mayor atención a la realidad familiar, y a la prioridad de la misericordia como valor esencial del Evangelio, que ha de reflejarse en nuestra práctica educativa y pastoral.

3.3.4. Adentrarnos, por eso mismo, en un discernimiento personal y pastoral que nos llevará a no buscar ni esperar respuestas únicas ante situaciones tan diversas que alejan del ideal cristiano. Un servicio que tocará y dinamizará historias matrimoniales y familiares concretas.

3.3.5. En esta manera de educar en la que la familia no puede renunciar a ser lugar de sostén y acompañamiento (AL260), creemos que podemos ofrecer algo muy nuestro, muy 'salesiano': Ayudar a las familias a educar y crecer desde el afecto y el corazón, con todo lo que esto implica en nuestro sistema educativo (Preventivo).

3.3.6. También deberemos tomarnos muy en serio ayudar a los padres en la educación sexual de sus hijos e hijas, que para nosotros es auténtica educación al Amor.

3.3.7 Ayudaremos a descubrir el matrimonio sacramental como 'vocación', fruto de un discernimiento (como en toda vocación), y también camino de santidad.

3.3.8. En todo lo posible contribuiremos a cuidar y fomentar en las familias este sentido de la alegría de Amar.

3.3.9. Ayudemos a las familias para que sean 'espacio de vida' donde los padres educan, en libertad, en el conocer y amar a Dios.

3.3.10. Incluso, aunque pudiera ser tangencial a la realidad familiar, será una oportunidad para educar y educarnos, familias, educadores, jóvenes, en el valor de lo Creado, en la respuesta responsable ante la Creación y ante la Pobreza que se genera cuando no se cuida la armonía.

3.3.11. Algunos compromisos concretos de la Familia Salesiana respecto de las familias….P. ej. Misión de la familia salesiana a la luz del Sistema Preventivo de Don Bosco: hacer del mundo un hogar como un grande patio familiar, de amigos, de aprendizaje de vida, de encuentro con Dios.

Para concluir con nuestro compromiso como Familia Salesiana en este movimiento de revitalización eclesial, y en encomendarnos a la Madre que siempre es garante en nuestro Peregrinar.


Rector Mayor de los Salesianos










domingo, 7 de agosto de 2016

EXHORTACIÓN AMORIS LAETITIA

FERNANDO SEBASTIÁN - ARTÍCULO DE LA EXHORTACIÓN AMORIS LAETITIA

Cardenal arzobispo emérito


Están diciendo que la exhortación postsinodal Amoris laetitia no es magisterio ni tiene tampoco ninguna novedad. Yo quiero decir que es un documento eclesial precioso, lleno de sabiduría y de realismo, cargado de amor por el don divino de la familia y de comprensión misericordiosa hacia tantas personas que no han logrado vivir en plenitud ese camino de humanidad y crecimiento cristiano que es el matrimonio.

El Papa mantiene la doctrina tradicional. Apoyándose en el magisterio del Concilio Vaticano II, de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI, presenta el matrimonio como un don de Dios a la humanidad, alianza de amor y camino de crecimiento conjunto en el amor hasta la plenitud del amor de Cristo por nosotros.

El bautismo, como sacramento de la fe, hace que el vínculo matrimonial, el amor de cada día entre los esposos y en la familia, se convierta en signo y camino hacia la perfección del amor de Cristo por nosotros. La visión existencial y dinámica del matrimonio, visto como itinerario del amor hasta la plenitud de Cristo y en Cristo, es muy sugerente.

El Papa combina la proposición entusiasta de la verdad del matrimonio cristiano con la visión realista y compasiva de tantas y tantas parejas que no llegan a descubrir ni a realizar en su vida la riqueza y la profundidad del amor tal como Cristo nos lo manifiesta y ofrece. Cristo sigue siendo su Pastor. Los llama y los espera. Tenemos que ir a su encuentro y ayudarles a descubrir y a vivir en plenitud el gozo del amor verdadero.

Desde ahora, este documento será imprescindible en la preparación de los futuros matrimonios. Es un verdadero vademécum para los novios que quieran casarse en la fe de Cristo.


En el nº 2.986 de Vida Nueva









domingo, 31 de julio de 2016

EL PAPA HABLA A LOS MATRIMONIOS




Desde Cracovia, el Papa Francisco ofrece 3 consejos para cuidar el matrimonio


El Papa Francisco volvió a saludar a los fieles que lo esperan cada tarde ante el balcón del Arzobispado de Cracovia y compartió tres consejos para cuidar y proteger el matrimonio.

El Papa explicó que quien se casa lo hace porque tiene el “coraje” para hacerlo y alentó a los que ya tienen tiempo de casados, a los que recién lo han hecho y los que se preparan para el matrimonio, a considerar tres “palabras”: permiso, gracias y perdón.

A continuación el texto completo de las palabras del Santo Padre en castellano:

Me dicen que hay muchos de ustedes que entienden el castellano, así que voy a hablar en castellano. También me dicen que hoy hay un buen grupo acá en esta plaza de recién casados y jóvenes esposos.

Yo cuando encuentro a uno que se casa, a un joven que se casa, a una chica que se casa, les digo estos son los que tienen coraje porque no es fácil formar una familia, no es fácil comprometer la vida para siempre, hay que tener coraje y los felicito porque ustedes tienen coraje.

A veces me preguntan cómo hacer para que la familia vaya siempre adelante y supere las dificultades. Yo les sugiero que practique siempre tres palabras, tres palabras que expresan tres actitudes: tres palabras que los pueden ayudar a vivir la vida del matrimonio porque en la vida del matrimonio hay dificultades.El matrimonio es algo tan lindo, tan hermoso, que tenemos que cuidarlo porque es para siempre y las tres palabras son: permiso, gracias y perdón.

1.- Permiso: Siempre preguntar al cónyuge, la mujer al marido y el marido a la mujer: ¿Qué te parece, te parece que hagamos esto? Nunca atropellar, permiso.

2- Segunda palabra: ser agradecidos: Cuántas veces el marido le tiene que decir a la mujer, gracias; y cuántas veces la esposa le tienen que decir al marido, gracias. Agradecerse mutuamente porque el sacramento del matrimonio se lo confieren los esposos, el uno al otro. Y esta relación sacramental se mantiene con este sentimiento de gratitud, gracias.

3.- La tercera palabra es perdón: Es una palabra muy difícil de pronunciar. En el matrimonio siempre, o el marido o la mujer siempre tienen alguna equivocación. Saber reconocerla y pedir disculpas, pedir perdón, hace mucho bien.

Hay jóvenes familias, recién casados, muchos están casados, otros están por casarse. Recuerden estas tres palabras que ayudarán tanto a la vida matrimonial: permiso, gracias, perdón. Repitámoslas juntos: permiso, gracias, perdón. Más fuerte, todos: permiso, gracias, perdón.

Bueno, todo esto es muy lindo, es muy lindo decirlo en la vida matrimonial, pero siempre hay en la vida matrimonial problemas o discusiones. Es habitual y sucede que el esposo y la esposa discuten, alcen la voz, se peleen.

Y que a veces vuelen los platos (risas), pero no se asusten cuando sucede esto, les doy un consejo, nunca terminen el día sin hacer la paz.

¿Y saben por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. ‘¿Y como tengo que hacer Padre, para hacer la paz?’ Puede preguntar alguno de ustedes. No hace falta un discurso, basta un gesto (El Papa se toca la cara dos veces y lo repite), y se acabó, ya está hecha la paz. Cuando hay amor un gesto arregla todo.

Los invito antes de recibir la bendición, a rezar por todas las familias aquí presentes, por los recién casados, por los casados de hace tiempo y que conocen todo esto que ya les dije, y por los que se van a casar.

Recemos juntos un Ave Maria, cada uno en su lengua.

(Ave Maria)

Que los bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y recen por mí, de verdad recen por mí.

¡Buenas noches y buen reposo!


Papa Francisco







miércoles, 15 de junio de 2016

EXHORTACIÓN AMORIS LAETITIA

INTRODUCCIÓN



1. La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia»[1]. Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia»[2].

2. El camino sinodal permitió poner sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales. La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad. Los debates que se dan en los medios de comunicación o en publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas.

3. Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque «las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado»[3].

4. De cualquier manera, debo decir que el camino sinodal ha contenido una gran belleza y ha brindado mucha luz. Agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud. El conjunto de las intervenciones de los Padres, que escuché con constante atención, me ha parecido un precioso poliedro, conformado por muchas legítimas preocupaciones y por preguntas honestas y sinceras. Por ello consideré adecuado redactar una Exhortación apostólica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades.

5. Esta Exhortación adquiere un sentido especial en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo.

6. En el desarrollo del texto, comenzaré con una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras, que otorgue un tono adecuado. A partir de allí, consideraré la situación actual de las familias en orden a mantener los pies en la tierra. Después recordaré algunas cuestiones elementales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, para dar lugar así a los dos capítulos centrales, dedicados al amor. A continuación destacaré algunos caminos pastorales que nos orienten a construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios, y dedicaré un capítulo a la educación de los hijos. Luego me detendré en una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone, y por último plantearé breves líneas de espiritualidad familiar.

7. Debido a la riqueza de los dos años de reflexión que aportó el camino sinodal, esta Exhortación aborda, con diferentes estilos, muchos y variados temas. Eso explica su inevitable extensión. Por eso no recomiendo una lectura general apresurada. Podrá ser mejor aprovechada, tanto por las familias como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta. Es probable, por ejemplo, que los matrimonios se identifiquen más con los capítulos cuarto y quinto, que los agentes de pastoral tengan especial interés en el capítulo sexto, y que todos se vean muy interpelados por el capítulo octavo. Espero que cada uno, a través de la lectura, se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas «no son un problema, son principalmente una oportunidad»[4].


TRABAJO A REALIZAR


1. Lee con atención este Prólogo de la Exhortación Amoris Laetitia

2. ¿Qué te llama la atención?

3. ¿Cómo es la realidad de la familia, donde vives?

4. ¿Podemos hacer algo por la familia hoy?


jueves, 26 de mayo de 2016

DOCUMENTO POST SINODAL DE LA FAMILIA

MERECE ESTUDIAR CON DETALLE EL DOCUMENTO POST SINODAL 




El Arzobispo de Denver (Estados Unidos), Mons. Samuel J. Aquila, ha dicho que la reciente exhortación del Papa Francisco acerca del matrimonio y la familia es “tanto relevante como importante para nuestro tiempo”, advirtiendo también que merece un estudio detallado y una reflexión cuidadosa.
Bajo el título Amoris Laetitia, o “La alegría del amor”, el documento de 256 páginas publicado el 8 de abril, es la conclusión de un proceso sinodal de dos años en el que se reunieron cientos de obispos junto con el Papa para discutir asuntos relacionados con el matrimonio y la familia. El documento es una “exhortación apostólica post-sinodal”.

El Papa Francisco ha dado a la Iglesia una profunda reflexión sobre el matrimonio cristiano, las complejidades de las relaciones humanas y las luchas que enfrentan las personas en la sociedad moderna”, comentó el Arzobispo Aquila.
El también señaló que “si bien muchos comentaristas y analistas darán a conocer sus interpretaciones en los medios de comunicación en los próximos días” el consejo del Santo Padre es leer cuidadosamente la exhortación. El Arzobispo Aquila dijo que planea compartir su pensar acerca del documento “después de una cuidadosa reflexión y consideración”.
La carta es “tanto relevante como importante para nuestro tiempo”, comentó el Arzobispo, agregando que se siente “agradecido por sus reflexiones [del Papa] sobre el amor en la familia”.



FORO:


- ¿Estamos estudiando esta exhortación post sinodal sobre la familia?

- ¿Que pienso del documento leído?








martes, 3 de mayo de 2016

DESCRIPCIÓN SOBRE EL DOCUMENTO POSTSINODAL

EXHORTACIÓN DEL PAPA FRANCISCO "AMORIS LAETITIA"





Pocos documentos pontificios han sido tan esperados por la opinión pública como la exhortación apostólica "Amoris Laetitia", en la que el papa Francisco recoge los frutos de los dos últimos Sínodos sobre el matrimonio y la familia. Fechada en la solemnidad de san José, a partir de la palabra de Dios se reafirma en ella que “el matrimonio cristiano, reflejo de la unión entre Cristo y su Iglesia, se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer, que se donan recíprocamente en un amor exclusivo y en libre fidelidad, se pertenecen hasta la muerte y se abren a la comunicación de la vida, consagrados por el sacramento que les confiere la gracia para constituirse en iglesia doméstica y en fermento de vida nueva para la sociedad”. 


Después de describir en el capítulo segundo la situación actual de la familia y los desafíos que la cercan, el Papa hace memoria en el capítulo tercero de la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la grandeza del sacramento del matrimonio. 

En el capítulo cuarto escribe páginas bellísimas sobre las características del amor esponsal y sobre la belleza de la caridad conyugal. 

El capítulo quinto, titulado Amor que se vuelve fecundo, está dedicado a la hermosura de la vida familiar, mientras el sexto está dedicado a la atención pastoral a los novios y el acompañamiento de los esposos en los primeros años en condiciones normales y también en situaciones de crisis, angustias y dificultades o cuando la muerte visita a la familia con la desaparición de uno de los esposos, un hijo o un familiar muy querido. 

Después de dedicar el capítulo séptimo a la educación de los hijos, en el capítulo octavo, titulado acompañar, discernir e integrar la fragilidad, la exhortación aborda el tema de las familias heridas, de los que conviven antes del matrimonio y de las personas en dificultad, a las cuales invita a no sentirse excluidas de la Iglesia, mientras que invita a los obispos y sacerdotes a proponerles un camino de acercamiento a la Iglesia que culmine en el sacramento del matrimonio. Advierte, no obstante que hoy, más importante que una pastoral de los fracasos hemos de esforzarnos para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas. 

El capítulo octavo ha hecho correr en estos días ríos de tinta. En él el Papa invita a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente al pensamiento de Jesús y a la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. Habla de los casos de fragilidad y de alejamiento del ideal cristiano, e invita a obispos y sacerdotes a “acompañar, discernir e integrar” en la “lógica de la misericordia pastoral” teniendo en cuenta la complejidad de las situaciones en que las personas viven y sufren. 

La exhortación apostólica señala que muchas parejas conviven o eligen el matrimonio civil por situaciones contingentes, como la falta de trabajo. El Papa pide transformar estas situaciones de dificultad en una oportunidad, sobre todo cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público y está cimentada en un afecto profundo y en la responsabilidad por los hijos. Entonces el acompañamiento debe convertirse en “camino hacia la plenitud del matrimonio y de la familia a la luz del Evangelio”. 

Trata después el Papa de los divorciados vueltos a casar y dice que pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, “que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral”. 

Propone después un camino de acompañamiento y discernimiento de la mano de un sacerdote, para formar un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer. Tal discernimiento deberá hacerse teniendo en cuenta las exigencias de la verdad y de la caridad. En este caso, los pastores deberán “escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”.

El Papa afirma que los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben integrarse en la comunidad cristiana evitando cualquier ocasión de escándalo, pero sin que se sientan excomulgados y abriendo la posibilidad a algunos servicios eclesiales. Tal integración debe facilitar la educación cristiana de los hijos. 

El Santo Padre reconoce que no existen “recetas sencillas” pues las situaciones son muy diversas. No es posible, pues, una normativa canónica general aplicable a todos los casos. Por otra parte, el grado de responsabilidad no es siempre igual. Por ello, las consecuencias no deben ser necesariamente las mismas. Al hablar del camino de acompañamiento y discernimiento, en diálogo profundo entre fieles y pastores, el Papa aconseja que prime la lógica de la misericordia pastoral, sin que esto signifique que la Iglesia renuncia a proponer el ideal pleno del matrimonio y el proyecto de Dios en toda su grandeza, con plena fidelidad al Evangelio, excluyendo la tibieza, el relativismo o la pusilanimidad. 


DOCUMENTO DE REFERENCIA PARA LA PASTORAL FAMILIAR






“La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo es acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino”. Este es el espíritu que sobrevuela la exhortación apostólica "Amoris Laetitia", un documento largamente esperado con el que el papa Francisco, lejos de aspirar a una nueva normativa en materia de familia, ha tratado de “proponer valores” atendiendo a los problemas reales de las personas. Estos son algunos pasajes destacados de ‘La alegría del amor’:

Capítulo 1. A la luz de la Palabra 
• La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia (1). 
• No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales (3). 

Capítulo 2. Realidad y desafíos de la familia 
• Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano (35). 
• La conciencia recta de los esposos, cuando han sido muy generosos en la comunicación de la vida, puede orientarlos a la decisión de limitar el número de hijos por motivos suficientemente serios (42). • La Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto (42). 
• La explotación sexual de la infancia constituye una de las realidades más escandalosas y perversas de la sociedad actual (45). 
• Merecen una gran admiración las familias que aceptan con amor la difícil prueba de un niño discapacitado (47). 
• La eutanasia y el suicidio asistido son graves amenazas para las familias de todo el mundo (48). 
• En las difíciles situaciones que viven las personas más necesitadas, la Iglesia debe tener un especial cuidado para comprender, consolar, integrar, evitando imponerles una serie de normas como si fueran una roca (49). 
• La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio (51). 
• La violencia verbal, física y sexual que se ejerce contra las mujeres en algunos matrimonios contradice la naturaleza misma de la unión conyugal (54). 
• Hay quienes consideran que muchos problemas actuales han ocurrido a partir de la emancipación de la mujer. Pero este argumento no es válido, es una falsedad, no es verdad. Es una forma de machismo (54).
• Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente “La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo es acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino”. Este es el espíritu que sobrevuela la exhortación apostólica ‘Amoris Laetitia’, un documento largamente esperado con el que el papa Francisco, lejos de aspirar a una nueva normativa en materia de familia, ha tratado de “proponer valores” atendiendo a los problemas reales de las personas. Estos son algunos pasajes destacados de llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia (56). 

Capítulo 3. La mirada puesta en Jesús: vocación de la familia 
• La indisolubilidad del matrimonio (…) no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” (62). 
• La decisión de casarse y de crear una familia debe ser fruto de un discernimiento vocacional (72). 
• La unión sexual, vivida de modo humano y santificada por el sacramento, es a su vez camino de crecimiento en la vida de la gracia para los esposos (74). 
• Frente a situaciones difíciles (...) los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones (…) Al mismo tiempo que la doctrina se expresa con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones (79). 
• El hijo reclama nacer de ese amor, y no de cualquier manera, ya que él no es un derecho sino un don, que es el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres (81). 
• La opción de la adopción y de la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal (82). 
• La familia protege la vida en todas sus etapas y también en su ocaso. Por eso, a quienes trabajan en las estructuras sanitarias se les recuerda la obligación moral de la objeción de conciencia. Del mismo modo, la Iglesia (…)rechaza con firmeza la pena de muerte (83). 
• La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa (84). 
• La Iglesia mira a las familias que permanecen fieles a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y alentándolas (86). 

Capítulo 4. El amor en el matrimonio 
• En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros (98). 
• Se comparte todo, aun la sexualidad, siempre con el respeto recíproco (125). 
• La decisión de dar al matrimonio una configuración visible en la sociedad, con unos determinados compromisos, manifiesta su relevancia (131). 
• Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas (150). 
• Es importante ser claros en el rechazo de toda forma de sometimiento sexual (156). 

Capítulo 5. Amor que se vuelve fecundo 
• Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia (167). 
• La paternidad responsable no es procreación ilimitada o falta de conciencia de lo que implica educar a los hijos (167). 
• Todo niño tiene derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos necesarios para su maduración íntegra y armoniosa (172). 
• Valoro el feminismo cuando no pretende la uniformidad ni la negación de la maternidad (173). 
• Sin las madres (...) la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo (174). 
• La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa (179). 
• Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada (193). 

Capítulo 6. Algunas perspectivas pastorales 
• Es necesario no quedarse en un anuncio meramente teórico y desvinculado de los problemas reales de las personas (…) No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores (201). 
• Se nos plantea la necesidad de una formación más adecuada de los presbíteros, los diáconos, los religiosos y las religiosas, los catequistas y otros agentes pastorales (202). 
• Queridos novios: Tened la valentía de ser diferentes, no os dejéis devorar por la sociedad del consumo y de la apariencia (…) Sois capaces de optar por un festejo austero y sencillo (212). 
• Es importante iluminar a los novios para vivir con mucha hondura la celebración litúrgica (213). 
• Se vuelve imprescindible acompañar en los primeros años de la vida matrimonial (217). 
• Es posible que uno de los dos cónyuges no sea bautizado, o que no quiera vivir los compromisos de la fe (…) Es posible encontrar algunos valores comunes (228). 
• Hoy, la pastoral familiar debe ser fundamentalmente misionera, en salida, en cercanía, en lugar de reducirse a ser una fábrica de cursos a los que pocos asisten (230). 
• Tratemos ahora de acercarnos a las crisis matrimoniales con una mirada que no ignore su carga de dolor y de angustia (234). 
• Hay que reconocer que hay casos donde la separación es inevitable (…) Pero debe considerarse como un remedio extremo (241). 
• A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que no están excomulgadas y no son tratadas como tales (243).
• A los padres separados les ruego: Jamás, jamás, jamás tomar el hijo como rehén (245). 
• Con los matrimonios mixtos (…) se debe buscar una colaboración cordial entre el ministro católico y el no católico, desde el tiempo de la preparación al matrimonio y a la boda (247). 
• Personas con tendencias homosexuales (...) una experiencia nada fácil ni para los padres ni para sus hijos (…) Ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia (250). 
• No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia (251). 
• Familias monoparentales (…) el progenitor que vive con el niño debe encontrar apoyo y consuelo entre las familias que conforman la comunidad cristiana, así como en los órganos pastorales de las parroquias (252).

Capítulo 7. Fortalecer la educación de los hijos 
• Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano (…) Pero la obsesión no es educativa (260). 
• La tarea de los padres incluye una educación de la voluntad y un desarrollo de hábitos buenos e inclinaciones afectivas a favor del bien (264). 
• La familia es la primera escuela de los valores humanos (274). 
• Las tecnologías de la comunicación y la distracción (…) no sustituyen ni reemplazan la necesidad del diálogo más personal (278). 
• La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe (287).

Capítulo 8. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad 
• El matrimonio cristiano (...) se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer (…) Otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan al menos de modo parcial y análogo (292). 
• El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero (…) Hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición (296). 
• Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas (298). 
• Debe quedar claro que este no es el ideal que el Evangelio propone para el matrimonio y la familia (298). 
• Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo (…) Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas (299). 
• No debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canó- nica, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares (300). 
• La conversación con el sacerdote, en el fuero interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer (300). 
• Evitar el grave riesgo de mensajes equivocados, como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente «excepciones», o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores (300). 
• Ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal (301). 
• Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general (304). 
• Un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones irregulares (305). 
• Invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas (312). 

Capítulo 9. Espiritualidad matrimonial y familiar 
• La espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos (315). 
• La oración en familia es un medio privilegiado para expresar y fortalecer esta fe pascual (318). 
• La familia ha sido siempre el “hospital” más cercano (321). 








domingo, 24 de abril de 2016

NINGÚN MATRIMONIO ES INMUNE A LA CRISIS

¿CÓMO MANTENER "LA CHISPA" EN LOS MATRIMONIOS?





Cuando el amor se pone añejo… cuando ha sido probado por tanta “fidelidad en los pequeños momentos de la vida”, cuando “esa fidelidad llena de sacrificios y de gozos va como floreciendo con la edad” es también cuando “los ojos de los esposos se ponen brillantes al contemplar a los hijos de sus hijos” (AL, 231).

La Exhortación Apostólica del papa Francisco sobre la familia, “La alegría del amor” (Amoris Laetitia), introduce de este modo un tema capital como son las crisis en el matrimonio.

Cita el Papa a san Juan de la Cruz, cuando en su Canto Espiritual afirma que “los viejos amadores son los ya ejercitados y probados” y añade el santo que ellos “ya no tienen los hervores sensitivos, ni aquellas furias y fuegos hervorosos por fuera, sino que gustan la suavidad del vino de amor… asentado allá dentro del alma”. Esto supone, dice el Papa, “haber sido capaces de superar juntos las crisis de los tiempos de angustia, sin escapar de los desafíos ni esconder las dificultades” (AL, 231).

Ningún matrimonio es inmune a las crisis y hay que decir que “una crisis superada no lleva a una relación de menor intensidad, sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión”, haciéndose “añejo”, pues “no se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo” (AL, 232).

Es muy importante que la Iglesia acompañe a los matrimonios en crisis, ayudarlos a superar los obstáculos que se van presentando” y de manera que “las crisis no los asusten, ni los lleven a tomar decisiones apresuradas. Cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón” (Idem).

En las crisis a veces se tiende a “esconder los problemas, relativizar su importancia y apostar por el paso del tiempo”. Pero así “los vínculos se van deteriorando” y la pareja se va aislando. “En una crisis no asumida, dice el papa Francisco, lo que más se perjudica es la comunicación” entre los esposos. De este modo, poco a poco, alguien que era “la persona que amo” pasa a ser “quien me acompaña siempre en la vida”, luego solo “el padre o la madre de mis hijos, y, al final, “un extraño” “(AL, 233).

Para enfrentarse a una crisis, aconseja el Papa, se necesita “estar presentes”, aunque sea difícil pues “a veces las personas se aíslan para no manifestar lo que sienten, se arrinconan en el silencio mezquino y tramposo” (AL, 234). Hay que aprender a comunicarse, lo cual “es todo un arte que se aprende en los tiempo de calma, para ponerlo en práctica en los tiempos duros”. En las crisis no se puede ignorar “su carga de dolor y de angustia” (ídem).

Hay momentos de las crisis “que son comunes” en los matrimonios, como son los inicios de la convivencia y tocar las diferencias de carácter, o cuando llega el primer hijo con sus nuevos desafíos emocionales; la crisis de crianza que cambia los hábitos del matrimonio; la crisis de la adolescencia del hijo que desestabiliza a los padres y a veces los enfrenta entre sí” (AL, 235); la crisis del “nido vacío” cuando la pareja vuelve a mirarse a sí misma; la crisis de la vejez de los padres que exigirán cuidados y decisiones difíciles.

Junto a estas crisis anteriores, se unen a la pareja, a veces, otras crisis no menos importantes, que son de tipo personal, como las dificultades económicas, laborales, afectivas, sociales, espirituales, o cuando entran otras personas que exigen el camino del “perdón y reconciliación” (AL, 236). Entonces conviene pensar en la eficacia de la gracia y recibir la ayuda adecuada que enseñe a saber perdonar y sentirse perdonados, “fundamental en la vida familiar”. Con eso muchos matrimonios se salvan (Idem).

Hay también una crisis de madurez, de personas que a pesar de la edad no han madurado por circunstancias familiares o personales adversas en su niñez o adolescencia. Esto es “frecuente”, dice el papa Francisco en su Exhortación Apostólica (AL, 236). Y ocurre cuando cada uno siente “que no recibe lo que desea o que no se cumple con sus sueños, y eso parece dar fin a un matrimonio. Así no habrá matrimonio que dure”.

Necesitan realizar a los 40 años una maduración atrasada que debería haberse logrado al final de la adolescencia. A veces se ama con un amor egocéntrico propio del niño” en que “se vive del capricho” y todo gira en el propio yo, con un “amor insaciable, que grita y llora cuando no tiene lo que desea” (AL, 239)

En realidad cada crisis es “como un nuevo “sí” que hace posible que el amor salga fortalecido, transfigurado, madurado, iluminado” (AL, 138). Hay que caminar juntos nuevas etapas, y en toda crisis “no hay que esperar que solo cambie el otro” (AL, 240).

Seguidamente la Exhortación Apostólica post Sinodal describe un elenco de situaciones complicadas en las que la Iglesia debe acompañar a los esposos con el fin de que lo puedan superar y perjudicar lo menos posible a los hijos, que con “las víctimas inocentes” de los divorcios. Entre las soluciones que se han dado en el Sínodo de los obispos están las dos leyes del papa Francisco sobre la agilización de las causas de nulidad matrimonial.

Al respecto, el papa Francisco se pregunta: “¿Sentimos el peso de la montaña que aplasta el alma de un niño en las familias donde se trata mal y se hace el mal, hasta romper el vínculo de la fidelidad conyugal?” (AL, 246).

La Iglesia debe acompañar especialmente en casos de separación al cónyuge más débil, a los hijos, y hacer que estos sean queridos y amados por sus papás aunque estos no vivan juntos. Y que los hijos no sean armas arrojadizas en peleas entre los padres. También difícil es el acompañamiento de las familias monoparentales o cuando un matrimonio que tiene algún hijo homosexual. En este caso, el hijo, “con independencia de su tendencia homosexual, ha de ser respetado en su dignidad y acogido con respeto, evitando toda discriminación injusta”, y que los hijos con esta tendencia sexual “puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida”(AL, 250).

En definitiva, hay que intentar que en todos los matrimonios y familias, el amor se ponga añejo.